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Segunda parte del encuentro con Enrique Topolansky.

El director del Centro de Innovación de la ORT vuelve a abrir el juego en una conversación sin filtros sobre el liderazgo que se forja desde adentro: la soledad del que va adelante, el valor de los espacios seguros, los mentores que dejan huella y la filosofía que une la pista de karate con el mundo de la innovación.

Julio 2026

II · EL LIDERAZGO QUE SE CONSTRUYE, NO SE HEREDA

Hay líderes que se forman en la abundancia y hay líderes que se forman en la adversidad. Enrique Topolansky pertenece claramente al segundo grupo, aunque no lo cuenta como una desgracia sino como el origen de algo que, con el tiempo, resultó ser su mayor fortaleza.

En la primera entrega de este encuentro, Topolansky ya había adelantado que su estilo de liderazgo nunca fue el del «macho alfa» que pasa por encima de todo. En esta segunda parte, va más al fondo: ese estilo no fue una elección racional sino una construcción forzada por las circunstancias. El bullying sufrido en el colegio, la inseguridad de la infancia, la sensación de ser el más débil de la fila, lejos de aplastarlo, le dieron una empatía que ningún manual puede enseñar.

«Yo nunca lideré desde el poder. A veces esto se une mucho con la historia personal de cada uno.»

La búsqueda de una salida a esa indefensión lo llevó a las artes marciales. El diagnóstico inicial era simple —ser más fuerte para no sufrir más— pero la conclusión fue radicalmente distinta. Competir en los Juegos Panamericanos y salir segundo le enseñó que la fortaleza física sin valores es solo ruido. Que por más que seas muy fuerte, no podés ser un imbécil. Que el trabajo sistemático por la perfección no es el puño, sos vos.

Ese mismo proceso lo transformó como docente. Era un pésimo estudiante —lo dice sin pudor— no porque le faltara capacidad, sino porque el entorno no lo habilitaba. Cuando encontró la informática y resolvió su inseguridad, pasó instantáneamente al frente de la clase. Los tests decían que era brillante. El problema nunca había sido él.

Conexión Austral: ¿No estabas en el mejor entorno para expresar esa brillantez?

Topolansky asiente y abre una grieta en el discurso que suele rodear a las instituciones educativas influyentes: ir a los mejores colegios no garantiza que el mejor entorno para cada persona esté ahí. A veces, es exactamente al revés.

LOS VALORES QUE IMPORTAN

Cuando Conexión Austral le pide que nombre los valores fundamentales que intenta transmitir, Topolansky no recita una lista de diapositivas. Los va destilando uno a uno, como si los estuviera viendo delante suyo.

El primero es la autenticidad: conectar con un propósito propio, mirar hacia adentro y saber con qué resonás. El segundo es la comunidad —la tribu, dice, aunque enseguida matiza que «tribu» puede sonar sectario— porque las cosas no se hacen solas. Solo no vas a llegar a ningún lado.

El tercero es la curiosidad. Nutrirse. Explorar. Y esto lo preocupa especialmente: hoy, dice, vivimos en burbujas digitales donde los jóvenes no leen, no escuchan el mundo, y no se dan cuenta de que los algoritmos les refuerzan los sesgos que ya tienen. La pregunta que lanza es incómoda: ¿cuál es tu dieta de información del cerebro?

«Propósito, comunidad, curiosidad y capacidad de autoaprendizaje. Para mí son pilares básicos para poder avanzar.»

A esto se suma una dimensión que siente que se está perdiendo: la conexión humana real. La reunión virtual, el mensaje de cumpleaños que nadie lee, el WhatsApp que reemplaza la llamada. En su equipo, obliga a llamar por teléfono. No porque sea nostálgico, sino porque la diferencia entre mandar un mensaje y verificar que la tarea esté hecha es exactamente la diferencia entre suponer y saber.

Salir a caminar es otra de sus prácticas. La heredó de su abuelo y la lleva a sus vínculos más cercanos y a su forma de acompañar a quienes lidera. En los primeros veinte minutos quizás no salga nada. Pero después fluye. El movimiento desata lo que la quietud traba.

«Yo veo algo ahí. Empiezo a contar lo que veo y grandes amigos me dicen… yo lo único que veo es un hueco profundo.»

LA SOLEDAD DEL QUE VA ADELANTE

Topolansky lleva 25 años construyendo camadas de innovadores en ciclos de tres años. Sabe bien lo que cuesta armar una cohorte cohesiva en valores, en energía, en dirección. Y sabe también lo que duele cuando eso se desarma de golpe, cuando alguien con más recursos o más glamour llega y se lleva a los mejores de un tirón.

Lo ha vivido. Y lo que describe no es resentimiento sino resiliencia: la pregunta que sigue después del golpe es quién va a liderar la nueva camada y cómo ayudás a construir esos líderes. Una búsqueda que, dice, nunca termina.

De esa experiencia aprendió también que los líderes no se buscan en ecosistemas cerrados. La innovación necesita pensamiento diverso. Por eso se la pasa reclutando fuera, buscando talentos que vengan de lugares distintos, que traigan miradas que el ecosistema habitual no tiene. Lo hace contra la corriente, a veces contra las estructuras. Y lo hace porque sabe que sin diversidad, la innovación es solo una palabra.

Conexión Austral le pregunta si alguna vez se sintió solo como líder. La respuesta es directa: todo el tiempo.

Pero enseguida relativiza. La soledad del liderazgo no es la misma que el aislamiento. Topolansky tiene bases sólidas a las que recurre: su esposa, con quien puede ser vulnerable sin miedo; su abuelo paterno, que fue su referente más temprano; y un pequeño círculo de personas con quienes construyó, con el tiempo, vínculos de confianza real.

«Yo me siento solo dentro de la estructura organizacional. Muchas veces siento que no soy comprendido. Y al final pesa eso.»

Cuando Conexión Austral le señala que quizás esa soledad sea el precio de ir adelante —de hacer hoy lo que otros harán recién dentro de quince o veinte años— Topolansky lo confirma sin dudar. Hay una diferencia entre administrar lo que existe y crear lo que todavía no existe. Él es claramente lo segundo. Y eso, dice, es muy solitario.

Hay un gráfico que suele mostrar: el jefe atrás, empujando a la gente con el látigo; el líder adelante, trazando el camino. Él reconoce sin hesitar cuál de los dos es.

Conexión Austral · Think tank con mirada humanista.

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