Por Lic.Andrés Sánchez Bodas, agosto 2025.
Todo comenzó antes del Big Bang, todavía no sabemos cómo era, pero ese sistema previo, “decidió” explotar y generar otro orden organizacional: el universo tal como hasta ahora, si algo conocemos de él. Funciona desplegándose en un interjuego de entropía y sintropía, entropía negativa y/o negentropía, un todo que se regula con la tendencia mórfica. Y allí convivimos nosotros, en nuestra casa, La Tierra.
Y un “CEO” nos protege: el Sol, con su calor. Y como tal nos implica en una homeodinamia, una metaestabilidad, que transita entre organización y “desorganización”, siendo esta última otro modo de organización –por eso entre comillas ese término– que nos obliga a reorganizarnos para seguir existiendo. Todo esto, en síntesis, de cómo la naturaleza conlleva un sentido, que de una u otra manera es lo que nos lleva a ser como somos cuando nos unimos con otros para constituir una organización laboral, del nivel o estatus que sea.
Hay una sabiduría orgánica que necesitamos respetar. De hecho, las cosas no vivas están en constante movimiento, tal como lo demostró la física cuántica, y obviamente también los seres vivos, que como comprobó el gran naturalista ruso Piotr Kropotkin (1842–1921), la ayuda mutua es la que ha permitido la supervivencia, el desarrollo y el despliegue de todas las especies vivas, entre ellas nosotros, los humanos.
Y hablando de nosotros, desde que aparecimos en la Tierra, como seres sociales, necesitamos agruparnos para lograr el bien común. La familia, como en cada época se ha entendido, ha sido la primera organización y sigue siendo la base de todas las civilizaciones, cada una con su formato e impronta epocal.
Cuando generamos la agricultura, siempre a orillas de un lago, un río o del mar –los cuerpos vivos necesitan agua–, se organizaron los clanes, las tribus, y desde allí las organizaciones laborales y el mundo social, con roles, tareas, obligaciones, algún tipo de orden, y algunos que se dedicaron a pensar y ejercer ese ordenamiento.
Algo similar hicieron los organismos unicelulares y luego los multicelulares: desde las estructuras más “simples” hasta las más complejas, necesitaron integrarse al ecosistema colaborando entre sí y con los demás que forman parte de la naturaleza. Una vez más, la ayuda mutua en acción para que cada ser siga siendo lo que es; quienes no lo lograron, desaparecieron.
Desde este punto de vista, si nos implicamos en pensar el Ser de una organización laboral, y si queremos que “funcione” plenamente –es decir, que logre potenciar su visión, su misión en objetivos y acciones productivas–, el concepto de mutualidad de acciones entre sus integrantes, en los roles que cada uno tiene, es imprescindible. Para ello, toda agrupación que pretenda organizarse con algún sentido productivo debe ser mirada como un organismo vivo.
Como tal, posee una tendencia a actualizar los potenciales de cada persona entramada en ella y, por lo tanto, del todo que constituye esa trama. Nuestra tarea es posibilitar relaciones y vínculos en todos sus estratos que acompañen este ideario.
Es por eso que retomo la idea de metaestabilidad antes mencionada, que da cuenta de una oscilación entre homeostasis y homeodinamia. Aquellas personas que lideran deben saber que, además de coordinar, dirigir y controlar, necesitan respetar los vaivenes emocionales propios y del equipo y, fundamentalmente, ser como nuestro sol: brindar calor humano.

